COVID-19 también propiciaría obesidad sarcopénica

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La falta de movilidad, actividad física y nutrición adecuada puede llevar a que las personas que han sufrido la enfermedad como aquellas confinadas –sin importar la edad– presenten este tipo de obesidad, que consiste en una pérdida de fuerza y tejido muscular con ganancia de tejido graso.

Aunque la sarcopenia habitualmente está asociada con la edad avanzada, recientes estudios han demostrado que esta no se limita a la edad adulta, pues hay reportes de personas entre los 25 y 30 años de edad que ya la presentan, debido a otras variables nutricionales como deficiencia de vitaminas, proteínas y procesos inflamatorios, sobre todo si no hay actividad física que lo contrarreste.

“La obesidad sarcopénica evidencia un aumento de tejido graso que infiltra el tejido muscular ocasionando la pérdida tanto en la cantidad como en la funcionalidad del músculo. Es una enfermedad clínica que se ha asociado con la morbilidad, mortalidad y discapacidad, más compleja de lo que puede ser ambas enfermedades (obesidad y sarcopenia) por separado”.

Así lo señala la nutricionista Ligia Stella Guerrero, magíster en Bioquímica, doctora en Bioquímica y Metabolismo y actual profesora del Departamento de Nutrición Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), invitada a la charla “La obesidad sarcopénica, una realidad post-COVID-19”, del programa #SaludUNALContigo.

Agrega que normalmente la obesidad sarcopénica se presenta en pacientes sedentarios con obesidad asociada o no y con condiciones como debilidad, falta de actividad física, pérdida de la condición física y fatiga, entre otros. Ante este panorama, la especialista realizó una revisión sistemática de estudios recientes relacionados con esta patología en el contexto de COVID-19.

“Según la literatura, alrededor del 50 % de los pacientes que ingresan con COVID-19 presentan desnutrición por pérdida de apetito o de peso. Los pacientes críticos que son hospitalizados y que permanecen en una posición de inmovilidad completa pueden perder hasta 1 kilo de masa muscular al día, según la severidad de la patología”, subraya.

Señala además que la pérdida de masa muscular tiene un efecto negativo en estos pacientes, pues se afecta el tejido benéfico para los individuos haciendo que pierda estabilidad y el sistema inmune se debilite.

Otros estudios revelan que 2 semanas de inmovilidad llevan a personas jóvenes a una pérdida de fuerza de hasta el 30 %, y en personas mayores del 25 %.

Con un 10 % de pérdida de masa muscular la respuesta inmune disminuye ante alguna infección, con el 20 % se complican los procesos de cicatrización de pacientes, quienes deben pasar por diferentes procedimientos aumentando la debilidad y la infección; con el 30 % se dificulta la movilidad y aparecen úlceras por la presión del cuerpo inmovilizado, y con el 40 % se vislumbra riesgo de muerte.

Riesgo en casa

“Entre las personas que estamos en casa, generalmente trabajando de forma remota con actividades que se han duplicado o triplicado, están los que no hacen actividad física, los que han incrementado su ingesta de alimento de alta densidad calórica y otros que se animaron a hacer ejercicio, pero no se adhieren. Estos tres grupos incrementaron los porcentajes de grasa subcutánea (entre piel y músculo) y visceral, debido a que se disminuyó la sensación de saciedad, pues el estrés, la angustia y la incertidumbre generan mecanismos cerebrales que incrementan la ansiedad y una forma para mejorarlo o calmarlo es incrementando el apetito por alimentos que tienen un alto contenido calórico”.

La doctora Guerrero recomienda mejorar los hábitos de alimentación y acceder a una evaluación de la condición física para evitar caer en esta enfermedad o recuperarse de ella.

Las personas deben manejar una alimentación completa, equilibrada, suficiente, adecuada e inocua, hacer ejercicio con regularidad y conocer la cantidad de calorías que aporta un alimento para calcular cuánto ejercicio que tendría que hacer para quemarlas en el supuesto de que se absorba completamente.

Por ejemplo, al consumir una hamburguesa, que le aporta cerca de 400 calorías al cuerpo, tendríamos que bailar 40 minutos seguidos a una intensidad alta, y una arepa con queso, que contiene 270 calorías, equivaldría a 35 minutos de baile.

Agencia de Noticias UN – Unimedios

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