Este viernes 30 de abril se lleva a cabo la ceremonia de beatificación del doctor Hernández el cuarto beato venezolano y el primer trujillano

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Según datos publicados por la misma Conferencia Episcopal de Venezuela, el doctor José Gregorio Hernández, cuya ceremonia de beatificación se celebra este viernes en la iglesia del Colegio de La Salle, en Caracas, fue un buen bailarín, además de amante de la música y ejecutante de algunos instrumentos, entre ellos el violín.

Para tener una aproximación al entorno musical del doctor Hernández consultamos al músico y maestro Diego Silva Silva.

Compositor, guitarrista, violinista, director de orquestas, investigador, articulista, defensor de la música de tradición y entre otros, premio Casa de Las Américas, Diego Silva Silva (Caracas, 1954) se ha dedicado en recientes años a investigar la música en Venezuela y su relación con la historia del país y algunos de sus personajes.

Su sostenido trabajo investigativo visibilizó a las canciones patrióticas de la gesta independentista venezolana. Su libro “El Pentagrama y la Espada”, editado por el Centro Nacional de Historia en 2018, lo coloca en un lugar de privilegio a la hora de vincular historia y música.

El tema

Para conversar en torno a la música en la época de José Gregorio Hernández, Diego Silva Silva apunta:

“Vamos a contextualizar el país para la fecha de su nacimiento. Apenas habían transcurrido cuarenta y dos años de la Batalla de Carabobo (1821); y un año de finalizada la Guerra Federal (1863). Cincuenta y tres años de guerras, alzamientos y caudillismo; de manera que es natural pensar que no pudo haber condiciones en el país para que floreciera una cultura musical con fuerza y organicidad.

Durante la niñez de José Gregorio la actividad musical de su pueblo, Isnotú (estado Trujillo), estaba restringida a la escuela privada en donde estudiaba, de modo que aprendió los himnos y canciones patrióticas que todavía eran parte de la cotidianidad, y debió asistir a las muy vistosas fiestas tradicionales que se celebraban en la región, en donde escuchó seguramente valses andinos y otros aires tradicionales interpretados en violín y acompañados con guitarras.”

“En 1878, con trece años de edad, José Gregorio Hernández es traído a estudiar a la capital de la república; entonces funcionaba en la ciudad el Teatro Caracas cuyo repertorio más asiduo eran las arias de ópera, zarzuelas, rapsodias y algunas manifestaciones de la música instrumental del romanticismo europeo que eran tocadas por concertistas itinerantes, la novedad de la época; a esto se suman las representaciones teatrales que llevaban música incidental”, dice.  

Silva Silva apunta que en 1881 fue inaugurado el Teatro Guzmán Blanco (hoy Teatro Municipal de Caracas) con la presentación de la ópera El Trovador de Verdi. “Ya José Gregorio Hernández, con 17 años, se incorporaba a la Universidad Central de Venezuela -UCV- como estudiante de medicina, de donde egresaría como doctor en 1888.

Dada la efervescencia estudiantil de aquél entonces y las inclinaciones musicales del nacido en Isnotú, durante esos siete años debió haber frecuentado el teatro Guzmán Blanco y el Teatro Caracas, en donde pudo presenciar a destacados concertistas; como por ejemplo el concertista del violín de origen cubano José White en 1887 coincidiendo con la visita que hiciera el también célebre violinista cubano Brindis de Salas, quien llamó la atención de las audiencias por su virtuosismo y además por el afrocaribeño color de su piel. José Gregorio debió escuchar composiciones de José Ángel Montero y probablemente interpretaciones de la gran pianista Teresa Carreño, bastante activa para ese entonces”.

A la par de estas manifestaciones de la llamada música clásica europea, el joven José Gregorio debió deleitarse con todas las manifestaciones tradicionales que ya eran de conocimiento obligado en las fiestas decembrinas, continúa acotando Diego Silva Silva.

“En 1888, José Gregorio regresa a Isnotú, en donde de nuevo se relaciona con la vida rural y por consiguiente, sus manifestaciones culturales hasta un año más tarde, cuando en 1889 parte a estudiar a Francia. Cuando regresa de Francia en 1891, ya en Caracas se había creado la Academia Nacional de Bellas Artes (1887) a raíz de la visita de prestigiosos solistas y de Teresa Carreño, gracias al entusiasmo del General De la Plaza. En ese retorno José Gregorio se encuentra con un país en proceso de transformación y con ciudades que a pesar de estar densamente pobladas, conservaban el espíritu aldeano”.

Las ciudades con el bucólico aire aldeano comenzaron a convertirse en urbes en donde se sustituían poco a poco las carretas por autos, los tranvías eléctricos por autobuses, y los burros de carga por camiones. Con características de urbe aconteció el lamentable accidente de tránsito que costó la vida al doctor José Gregorio Hernández en 1919.

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