La miseria, una seria enfermedad social

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La miseria es una verdadera enfermedad infecciosa pues su causa principal es la agudización de la pobreza, la injusticia social y la falta de garantías en el disfrute de los derechos humanos. Quienes están afectados por ella contagian a las generaciones venideras y a los entornos colectivos.

La miseria es una verdadera enfermedad infecciosa pues su causa principal es la agudización de la pobreza, la injusticia social y la falta de garantías en el disfrute de los derechos humanos. Quienes están afectados por ella contagian a las generaciones venideras y a los entornos colectivos.

Steve H. Hanke, profesor de economía en la Universidad de Baltimore, Maryland (Estados Unidos), diseñó el Hanke’s Annual Misery Index (HAMI) o Índice Anual de Miseria, que mide la miseria y la felicidad en 156 países.

Allí, la miseria está asociada con la alta inflación, los elevados costos de los préstamos bancarios y el desempleo, mientras que la felicidad se deriva del crecimiento económico, de la equidad y la justicia distributiva, de tasas de inflación e interés bajas y del pleno empleo (gráfico 1).

En el cálculo para 2020 Colombia ocupó el puesto 41 dentro del ranking mundial (el puesto 1 es el de mayor miseria y el 156 el de menor). Venezuela se encuentra entre los países de mayor miseria junto a Zimbabue, Sudán, Argentina, Libia, Irán y Angola, entre otros. Los países con mayor índice de felicidad son, entre otros, Japón, Suiza, China, Taiwán y Corea del Sur. Los países de América Latina peor posicionados en la escala de miseria son Venezuela (puesto 1), Argentina (7) y Perú (18); los mejor posicionados son Chile (75), Ecuador (79) y Cuba (117).

Las pobrezas

La economía colombiana comenzó a registrar síntomas recesivos a partir de 2016; con el estallido de la pandemia en 2020 colapsaron la salud pública y la economía. En el momento más virulento el desempleo y la pobreza se dispararon. En relación con los demás países de América Latina, la sociedad colombiana presentó una mayor fragilidad. En general, los niveles de pobreza e indigencia en Colombia han estado en 8 y 1 puntos porcentuales, respectivamente, por encima del promedio latinoamericano durante el periodo 2012-2020 (gráfico 2).

Según la definición del DANE, la línea de pobreza es el costo per cápita mensual mínimo necesario para adquirir una canasta de bienes (alimentarios y no alimentarios) que permiten un nivel de vida adecuado. Cuando los ingresos de una familia no son suficientes ni para adquirir la canasta básica de alimentos, este hogar se encuentra en condiciones de pobreza extrema o indigencia. Cuando los ingresos son inferiores al valor de la línea de pobreza, las personas se encuentran viviendo bajo condiciones de pobreza. Para 2020, el DANE estableció el valor de la línea de pobreza extrema nacional para una persona (canasta básica de alimentos) en 145.004 pesos y la línea de pobreza monetaria (alimentos más otros bienes y servicios) en 331.688 pesos.

La sinergia generada entre la recesión económica y la pandemia por el COVID-19 impactó de manera negativa especialmente a la población urbana (gráfico 3). Entre 2015 y 2020 el índice de pobreza nacional aumentó 6,4 puntos porcentuales al pasar de 36,1 a 42,5 %; en el ámbito urbano crece en 10,8 puntos porcentuales y en el rural cae en -8,6.

En 2020 los índices de pobreza urbana y rural se acercan a un promedio de 42,7 %. En relación con la pobreza extrema o indigencia, ocurre algo similar: la indigencia nacional aumenta en 6 puntos porcentuales al pasar de 9,1 % en 2015 a 15,1 % en 2020; la incidencia de la pobreza urbana crece en 8,2 puntos porcentuales y la rural cae en -1,2.

Dinámica económica y préstamos bancarios

Entre 1986 y 2020 la economía colombiana resintió dos crisis profundas, en 1999 y en 2020; en la primera el PIB cayó en 4,2 % y en la segunda el desplome fue de -6,8 % (gráfico 4).

Las tasas de interés –o costos de utilización del capital préstamo– presenta dos periodos diferenciados entre 1986 y 2020; en la década de 1990 la tasa de interés efectiva anual estuvo por encima del 25 %; en lo corrido del siglo XXI la tasa de interés cayó y en el contexto del desplome económico y la virulencia de la pandemia se contrajo a 3,4 % en 2020 (gráfico 4). El tipo de interés depende de la correlación que existe entre la oferta y la demanda de capital de préstamo en el mercado monetario. 

La inflación

La elevación de los precios de los bienes y servicios hace que el papel moneda se desvalorice y que el poder adquisitivo de los salarios se erosione. La inflación da origen a un crecimiento rápido, incesante y sumamente desigual de los precios de las mercancías (gráfico 5).

El índice general de precios al consumidor (IPC) se mantuvo elevado a lo largo de las décadas de 1980 y 1990; los precios aumentaban por encima del 25 por ciento anual.  En lo corrido del siglo XXI se ha mantenido en un nivel promedio anual del 5 %. En 2020, producto de la caída en los ingresos y en el consumo, el IPC fue de 1,6 %; el IPC de los alimentos aumentó en 4,8 %.

La crisis social, económica y de salubridad dio lugar a las prácticas especulativas. Las diferencias artificiales en los precios de la canasta básica familiar se determinan por medio de acaparamientos, imposiciones dominantes de productores y grandes superficies del comercio y difusión de noticias falsas que dan lugar a determinadas orientaciones temporales del mercado. Generalmente estas acciones especulativas repercuten en un aumento en la incertidumbre y del riesgo presentes en la vida económica, y específicamente en pérdidas para los grupos sociales más pobres y vulnerables.

Concentración del ingreso, desempleo y pobreza

En Colombia, el índice de concentración del ingreso (Gini) es de los más altos a nivel de América Latina, durante el periodo 1950-2020 mantiene un valor promedio de 0,526; antes de 1955 se mantuvo por debajo de 0,4 y en 1995 alcanzó el máximo valor de 0,6. Según las estadísticas del DANE, el coeficiente de Gini fue de 0,517 en 2018. En 2021 se aproxima al valor registrado una década atrás: 0,560 (gráfico 6).

En los últimos 70 años la tasa de desempleo registra dos fases: durante el período 1950-1965 la desocupación fue inferior a dos dígitos, manteniéndose en un intervalo de 2 a 8 %; a partir de 1966 la exclusión laboral tiende a estar sobre dos dígitos, alcanzando un pico de 19,7 % en el 2000 y otro de 21,4 % en mayo de 2020. En 2021 el promedio de desempleo durante el primer trimestre fue de 15,8 %.

Según las estadísticas oficiales, la incidencia de la pobreza por ingresos insuficientes descendió de 85,0 % en 1950 a 34,7 % en 2018. En 2018 el número de personas en condiciones de pobreza sumaba 16,8 millones. En 2019 la pobreza en Colombia subió a 35,7 % de la población. Para 2020 la pobreza aumentó a 42,5 %, el mismo nivel que registraba en 2008.

Para 2021, según las proyecciones del Gobierno, el nivel de pobreza se ubicará en 44 %, equivalente a 22,5 millones de personas. En el país, entre 2018 y 2021 el número de pobres aumentó en 5,7 millones de personas, principalmente provenientes de la  clase media vulnerable.

En resumen, el análisis de las variables incluidas en el HAMI nos explica por qué Colombia ocupa el puesto 41 en el ranking de miseria mundial en 2020. En Colombia los ítems significativos son: pobreza (42,5%), desempleo (16%), caída del PIB (-6,8%) y concentración del ingreso (Gini de 0,544).

La inflación (IPC total anual 1,6; IPC alimentos 4,8) y la tasa de interés de préstamos (DTF 3,4 efectiva anual) se mantuvieron bajos debido a la recesión económica, a la caída en los ingresos de los hogares y al hundimiento de la demanda agregada.


Por: Libardo Sarmiento Anzola – Economista y consultor en temas de economía política minero-energética

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