Protestas en Colombia: “Es la primera vez que veo los estratos cinco y seis angustiados, y eso es bueno”, Maurice Armitage, exalcalde de Cali

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Armitage es el dueño y presidente de la Siderúrgica de Occidente (SIDOC). También tienen negocios de producción azucarera y lidera programas sociales en varios barrios de Cali.

Maurice Armitage es una pieza clave del poder en Cali, la tercera ciudad de Colombia y epicentro de las protestas que paralizaron al país desde hace tres semanas.

Incluso antes de ser alcalde entre 2016 y 2019, Armitage ya era uno de los empresarios y filántropos más importantes en la capital del Valle del Cauca.

No me metí, sino me metieron“, dice sobre su paso fugaz por la política, al parecer suscitado por un vacío de poder y promovido por el empresariado local.

Aunque durante su alcaldía Cali redujo los números de pobreza y homicidios, Armitage salió del poder con una baja popularidad debido a la persistencia de la inseguridad, la desigualdad y los problemas con el sistema de trasporte público.

Estrato 1, estrato 6: cómo los colombianos hablan de sí mismos divididos en clases sociales

Durante años, el economista de 76 años mantuvo que Cali era una olla a presión: las inequidades socioeconómicas, dijo, tarde o temprano iban a generar un estallido.

En medio de la ola de protestas que sacude al país, no solo sus predicciones han vuelto a rodar por las redes sociales, sino también su diagnóstico de los grandes problemas que generaron el estallido.

BBC Mundo habló con él en Cali y reproduce acá una versión reducida y editada de la conversación para facilitar la lectura.

¿Por qué Cali se convirtió en el epicentro de la protesta?

Si yo quisiera hacer un movimiento de protesta nacional, escogería a Cali como conejillo de indias.

Porque Cali es una ciudad muy abierta, con poco sentimiento de pertenencia, de migrantes, con un tercio de su población afrodescendiente. Y además de volátil, geográficamente es muy fácil de bloquear.

Acá, además, están todos los problemas sociales que te podás imaginar, donde se desarrollan todas las inequidades pensables, donde hace 5 años 100.000 personas se dormían con menos de una comida diaria.

Esa crisis social se profundizó con la pandemia. Hoy hay 10 veces más motivos para protestar que hace cinco años.

¿Cree que hubo un factor externo a Cali que organizó el estallido?

Están las dos cosas. Creo que Cali tenía su problemática local, orgánica, un caldo de cultivo para el estallido, que fue estimulado por gente de afuera que trajeron el fósforo que terminó de prender todo.

Pero, digo, ¿hay movimientos subversivos metidos en el paro?

Yo creo que sí, porque este paro fue muy bien organizado. Esto no es solo el descontento de unos sindicatos.

Pero ¿y esa organización no puede ser del movimiento mismo?

Puede ser. Ojalá yo esté equivocado.

Porque en Cali no hay mucho empleo, no hay mucha industria. A diferencia de otras regiones del país, nosotros nos hemos dedicado más al agro que a la industria. La producción azucarera, el mayor bien de esta región, se ha automatizado mucho y cada vez genera menos empleo. Hay ingenios que antes tenían 6.000 empleados y hoy tienen 1.500.

Entonces, sin eso, lo que quedó en Cali son millones de personas que viven del rebusque. El 55% de los caleños se levantan por la mañana a ver qué van a hacer. El que cuida el carro, la manicurista, el que corta el pasto. Son gente que no conocen la estabilidad.

Cali ha tenido avances en pobreza y homicidios en los últimos 20 años. ¿Por qué sigue siendo la ciudad más pobre y más violenta?

Porque en Cali no hay mucho empleo, no hay mucha industria. A diferencia de otras regiones del país, nosotros nos hemos dedicado más al agro que a la industria. La producción azucarera, el mayor bien de esta región, se ha automatizado mucho y cada vez genera menos empleo. Hay ingenios que antes tenían 6.000 empleados y hoy tienen 1.500.

Entonces, sin eso, lo que quedó en Cali son millones de personas que viven del rebusque. El 55% de los caleños se levantan por la mañana a ver qué van a hacer. El que cuida el carro, la manicurista, el que corta el pasto. Son gente que no conocen la estabilidad.

Usted anticipó esta ola de protestas. ¿Qué cree que va a pasar ahora?

Es muy positivo lo que le está pasando al país. Yo tengo 76 años, y es la primera vez que veo los estratos cinco y seis angustiados. Y eso es bueno, porque puede hacer que finalmente cambien su mirada.

Dice que a pesar de toda la violencia que ha vivido Colombia, ¿los ricos nunca han estado angustiados?

Yo hoy estuve toda la mañana hablando con los grandes empresarios del Valle del Cauca, y le digo que los sentí muy angustiados. Y pensé: este país va a mejorar.

Los grandes cambios se producen por grandes exigencias. En la medida en que vos ves que mi señora, que vive muy bien, se empieza a angustiar, ves en ella un cambio de pensar, porque se da cuenta que al señor que lava el carro quizá le tiene que pagar mejor.

En Colombia hay miles de empresas que no pueden pagar siquiera el salario mínimo y un poco de empresas que pueden pagar cuatro veces eso.

¿Qué es lo que tiene que cambiar?

La relación de los que tienen con los que no tienen. Porque esa relación hoy no es clara, porque el empleo no es retribuido como debería serlo. Y fuera del empleo, no hay relación.

No estamos acostumbrados a valorar a los de abajo. Estamos acostumbrados a ver el de abajo jodido siempre. Y eso lo aceptamos, no nos conmovemos con la pobreza ni con la angustia de los demás.

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