Solidaridad y tejido social, la principal arma contra el conflicto

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Intercambio de alimentos entre familias, pagos en especies, apoyo emocional y cuidado de niños huérfanos de la guerra, fueron algunas de las estrategias utilizadas por los pobladores del municipio de Algeciras (Huila) para enfrentar la escasez de alimentos a causa del conflicto armado.

A raíz del enfrentamiento armado por la presencia de las entonces FARC, se crearon lazos entre la comunidad en los que la solidaridad fue lo que permitió que muchos de ellos permanecieran en el territorio. Estas acciones colectivas surgieron como alternativas para sobreponerse a las crisis y les permitió liderar procesos basados en el capital social construido en el marco de esa violencia como forma de resistencia.

Así lo recoge y expone su investigación de Karen Biviana Castañeda Hernández, magíster en Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), con la cual contribuye a analizar el efecto del conflicto armado en la seguridad alimentaria y nutricional de las personas que resisten, sus dinámicas en el territorio y las estrategias de resiliencia para mitigar o superar este efecto.

En su estudio se vincularon personas que habían permanecido en el territorio por más de 25 años, y a las cuales se les realizaron entrevistas semiestructuradas con preguntas relacionadas con las categorías de análisis: resistencia, resiliencia y seguridad alimentaria y nutricional.

“Los pobladores narran ejemplos como el de alias El Piojo’, quien tenía los recursos económicos suficientes para ayudar a conseguir la maquinaria necesaria para apoyar a los campesinos y que pudieran cultivar en sus tierras. Les prestaba equipos, semillas, les daba trabajo para que pudieran sostener a sus familias y les ayudaba con la comercialización de los productos, entre otras iniciativas”.

El paso de la guerra

El municipio de Algeciras es catalogado como la despensa agrícola del Huila, ya que cuenta con 1.789 unidades agropecuarias que son el centro de la actividad económica municipal. Allí, la mayor generación de empleo se produce en la zona rural con mano de obra no calificada; la familia campesina se emplea en la misma finca o parcela.

Miembros de las FARC visitaban constantemente a los pobladores de Algeciras por ser un lugar estratégico para la consecución de alimentos. Esto trajo consigo diversos enfrentamientos armados y ante todo la victimización de la población civil.

“Desde la época de la violencia bipartidista hasta el inicio de las conversaciones para establecer el Acuerdo de Paz, la cotidianidad del algecireño se vestía de zozobra frente a la ocurrencia de actos que atentaban contra los derechos humanos de la población”, recuerda la autora del estudio.

El desplazamiento forzado, las masacres, los homicidios, la extorsión, los secuestros y cultivos ilícitos, entre otros hechos, fueron situaciones que afrontaban los pobladores, quienes debían tener clara su posición frente a la guerra y establecer mecanismos que les permitiera salvaguardar su vida.

Dietas poco variadas

La yuca, el plátano, algunos cereales, frutas y hortalizas eran parte de los alimentos que los pobladores de Algeciras conseguían más fácilmente, ya sea porque se obtenían de cultivos o huertas, porque las personas los regalaban al ver la necesidad, o porque no lograban sacarlos al mercado y preferían donarlos.

Sin embargo, era más difícil obtener alimentos fuente de proteína animal, o aquellos que no se producían en el sector, especialmente por el costo.

Según la investigadora, aspectos como el cambio en el tipo de cultivos, su cantidad y variedad, las pérdidas económicas para el campesino y para cada una de las personas que participan en los eslabones de la cadena de valor (producción, cosecha, procesamiento, transporte, financiación y comercialización), el aumento en el costo de los alimentos, dificultan la posibilidad de acceder a una dieta variada y suficiente, con el riesgo que ello representa para el estado de salud y nutrición, en espcial de niños, mujeres embarazadas y adultos mayores.

“Según los relatos, el Estado se mostró como una figura que además de ser inoperante se convierte en un actor que vulnera ese derecho, al adoptar medidas que impiden el acceso a los alimentos por parte de la población víctima, lo que genera un factor de riesgo adicional para su supervivencia”, señala la magíster.

Agencia de Noticias UN – Unimedios

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